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Ya no podía tolerar más a Dean, su comportamiento me tenía hastiado, literalmente estaba drenándome. Anoche terminamos agotadísimos después de cazar al demonio que asolaba la Universidad de Miskatonik, qué idiotas pueden ser los estudiantes creyendo que pueden invocar entidades demoníacas y peor aún, que pretendan que los obedecerán.

Esa cacería fue de las más difíciles que he tenido qué hacer y por si fuese poco, Dean no paraba de gritarme y ordenarme, como si fuera el jefe. Ciertamente me domina en la cama, pero nada más; solamente él puede decirme Sammy, su Sammy, pero me revienta esa altanería tan suya que lo hace creerse mi dueño fuera del dormitorio. Cuando al fin regresamos al demonio a su lugar de origen, aprovechando el resplandor que cegó a media ciudad por varios segundos, Dean me robó el más apasionado de los besos, ahí, en medio del Campus, sin importarle la remota posibilidad de que nos vieran, debí sentirme orgulloso, pero no fue así, fue otro más de sus gestos posesivos conmigo que poco o nada tienen qué ver con lo mucho que dice amarme. Remató su osadía agarrando mi trasero a dos manos mientras me besaba. Su lengua que tanto me hechiza tuvo un regusto amargo para mí y no pude devolverle la misma pasión. Dean se quedó extrañado puesto que esa misma mañana, antes de iniciar nuestro trabajo, yo lo desperté como más le complace.

La noche anterior fuimos a un bar frecuentado por estudiantes de Miskatonik, yo quería investigar más, evaluar a qué nos enfrentábamos, temía que se tratase más de una secta que de inexpertos muchachos haciendo estupideces, pero a Dean solamente le interesaba pavonearse por el lugar, arrancando miradas lujuriosas de todas las féminas, como es su costumbre, para darse a desear y de paso, provocar mis celos.

Como siempre, traté de ignorarlo y quise concentrarme en mi laptop, buscando referencias que nos ayudaran en la cacería que habíamos planeado para el día siguiente, pero también, como siempre, no pude evitar observar a mi hermano, mi atractivo y sinvergüenza Dean, el amor de mi vida. Llevaba puestos unos vaqueros que él sabe que llena a la perfección con su hermoso trasero, tan firme y por delante yo adivinaba el delicioso bulto que siempre está listo para recibir atención, mi atención. Vestía también una camisa blanca de cuello redondo que solamente hacía lucir más sus marcados pectorales adornados por esos pezones que no me canso de lamer, había dejado en el cuarto del hotel su eterna cazadora de cuero, el amuleto que cuelga de su cuello no se lo quita ni para coger.

Es tan sádico mi hermano mayor, disfruta provocándome por lo que después de aceptar la cerveza que le brindó un grupo de jovencitas, se sentó en un taburete de la barra desde donde podía observar mis reacciones a su antojo. Lentamente alzaba la cerveza, como brindando conmigo a distancia y justo antes de apurar cada trago, lenta y calculadamente lamía el borde del vaso con su traviesa lengua que tanto placer sabe darme. Yo sentía cada lengüetazo en mis huevos, en mi verga y sobre todo, en el ojete de mi culo, ese que él mismo estrenó hace ya tantos años.

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Tan seguro está de la fidelidad de su hermano, que no duda en recordarme que él puede tener la atención que quiera y cuando quiera y sobre todo, de quien él quiera. Han sido incontables las veces que me obliga a salir de las habitaciones de los moteles donde nos quedamos, en plena madrugada para poder tener sexo con la puta en turno y mientras yo me congelo el trasero dentro del Impala, el muy cabrón a veces tiene el descaro de asomarse por las ventanas y mostrarme lo que hace. En ocasiones quisiera odiarlo, dejarlo ahí revolcándose como cerdo y marcharme lejos, lo más lejos posible de él, pero otras veces hasta esos desplantes tienen el efecto opuesto en mí, es como si me dijera implícitamente que es a mí a quien ama, nada más y que esas zorras son solamente fundas de ocasión para su palpitante e insaciable verga, “Soy un semental, Sammy querido, no lo olvides, pero tú eres mío nada más así como yo soy solamente tuyo” eso lo dice tantas veces que ya reconozco el momento exacto en que escucharé su letanía.

Esa noche anterior a nuestra cacería decidió cogerse a una pequeña rubia bastante tetona en el mismo baño del bar, más de una persona se dio cuenta pero ese tipo de cosas no le espantan a nadie en estos días. Yo solamente mordí mi labio inferior, es un gesto mío que a él lo excita bastante, por eso siempre me llama “su pequeño” aunque tenga la verga tan grande como la suya, soy su pequeño desde que a la tierna edad de 12 años me hizo suyo para siempre.

A Dean le gusta el sexo rudo, fuerte, que lastime, aún a mí me ha hecho llorar en varias ocasiones cuando no me lubrica el culo lo suficiente para tolerar su enorme verga y el muy cabrón lo disfruta más, pero dudaba que pudiera explayarse con la pequeña zorra en tan improvisada instalación, que era apenas un pequeño cubículo con dos retretes y un lavamanos. Aún así, no paraba de consultar mi reloj y muy a mi pesar, comencé a excitarme. Quería que Dean le diera con todo a la rubia para que regresara conmigo al motel y me hiciera suyo una y otra vez. “Nadie me satisface como tú, mi hermoso Sammy, mi bebé”, siempre me lo dice con su tono de voz tan grave, tan sensual, que hace que mi esfínter comience a dilatarse por anticipado. Dean, cómo te necesito, Dean.

No habían pasado ni 15 minutos cuando al final mi lujurioso hermano salió del baño, completamente arreglado, sin un cabello fuera de su lugar, con su andar tan varonil y a la vez tan despreocupado, siempre tan seguro de sí mismo, cómo no he de amarlo? “Vámonos, Sam” Me ordenó y sin siquiera voltear para despedirse de la rubia tonta que seguramente estaría adolorida después de recibir semejante verga, se adelantó al Impala mientras yo recogía mi laptop y lo seguía ciegamente, como siempre.

Dean manejó en silencio y yo solamente observaba de reojo su perfil, qué guapo es, hubiera querido pedirle que estacionara el coche al lado del camino y besarlo furiosamente, pero eso me hubiera ganado una buena golpiza, ya lo he intentado y siempre termina así; es Dean quien ordena y es él quien me tiene en su poder; si yo inicio “el cortejo” se enfurece y no me coge en varios días, me insulta y me llama “maricón de mierda” , “qué puta te has vuelto, Samantha” y otras linduras por el estilo que viniendo de sus labios, lastiman peor que un disparo de la propia Colt.

Descubrió mi furtiva admiración y cariñosamente acarició mis cabellos sin dejar de ver el camino. Puede ser tan gentil conmigo cuando quiere, pero si correspondo igual, me golpea “los Winchester somos muy machos, recuerda eso” “Si, Dean, yo lo sé”

Tan lo sé que bajé rápidamente del Impala y me preparé para recibir a mi hermano, mi amante, mi amor prohibido. Ya sé que siempre que regresamos a los moteles después de visitar algún bar, lo primero que hace Dean es ducharse; hace mucho que no me permite que nos bañemos juntos y me ataca la nostalgia de cuando yo era un niño pequeño y él me bañaba, lo hacía con tanta paciencia y tan dulcemente que me provoca llorar de emoción.

Resignado a que me ducharía solo, escuché su voz entre el ruido de la regadera, tan ronca y sexy “Sammy! No quieres bañarte? Te estoy esperando, perra!”

Tardé segundos en desvestirme y me uní a él disfrutando el agua caliente que tanto nos gusta y relaja antes y después de cada cacería. Dean ya había terminado de bañarse, así que seguía yo; colocó sus fuertes manos en mis hombros y me examinó detenidamente, su mirada lasciva hace que me derrita en sus brazos, yo no podría abandonarlo, jamás.

“Estás cansado, cariño?’” preguntó tiernamente mientras me enjabonaba lentamente, cómo extrañaba sus mimos! Asentí con la cabeza y alcé los brazos para que pudiera lavarme bien las axilas, sus expertas manos se deslizaban con precisión por todo mi cuerpo y por fin se deshizo del jabón intruso para sustituirlo con sus propias manos. Yo jadeaba y gemía quedamente, se me escapó un fuerte “Oh” que fue acallado inmediatamente por el más furioso de los besos, “me enloqueces, Sammy, te gusta cómo te trato?” Yo no pude más y contesté un vehemente “Sí” que me salió del alma. “Te amo, Dean” pensé que iba a golpearme pero en cambio, retiró los largos cabellos que cubrían mi rostro “eres tan hermoso, hermanito, sabes que yo también te adoro”

Nos fundimos en uno solo durante varios minutos, disfrutando nuestra cercanía, nuestro calor y nuestros cuerpos mojados; el roce de nuestras vergas y nuestros huevos era enloquecedor, comencé a acunar sus testículos con una mano mientras con la otra acariciaba su nuca, Dean también gemía y se frotaba contra mí. Yo quería beberme todo su aliento, asfixiarlo con mis brazos, es pequeño comparado conmigo pero es imponente y poderoso, siempre ha sido así. “Calma campeón, me estás ahogando, a ver” y apartándose de mí, me volteó de cara a la pared “qué culo tan perfecto tienes, Sammy querido” “Y es tuyo, mi amor” le contesté “Así me gusta” dijo Dean mientras me abrazaba por detrás y refregaba su verga erecta contra mi culo, listo ya para él. “Me quieres adentro, Sammy?, pídemelo, me encanta cuando me lo pides” yo quería que me tomara ahí mismo, malvado, siempre me hace suplicar, pero sé que lo excito demasiado así que empiné más mi marcado trasero, invitándolo a penetrarme “Házmelo, Dean, por favor, quiero tu verga, cógeme por favor, ya no aguanto más”

Dean realmente disfruta de mi sometimiento y de improviso, cerró la llave de agua y ágilmente salió de la ducha y alcanzó dos toallas, “deja que te seque, chiquito mío” yo, con mi casi metro noventa de estatura dejé que me frotara dulcemente con la toalla, terminó nalgueándome sonoramente con la mano abierta, yo me reí, como en los viejos tiempos. “Espérame en la cama, bebé” Yo corrí al lecho como niño al que le prometen un caramelo y tremendo caramelo me comería esa noche.

Hacía frío, por lo que decidí cubrir mi cuerpo desnudo con las sábanas pero Dean las retiró de un manotazo “no seas mujercita, Sammy, déjame contemplarte” Yo me coloqué en posición, como a él le gusta, boca arriba con mis torneados brazos atrás de mi nuca, ofreciéndole mi cuerpo entero, mi verga erecta lo apuntaba directamente, pero no puedo frotármela hasta que él me lo ordene, así me acostumbró.

Satisfecho con la visión que le ofrecía su pequeño Sammy, mi hermano se colocó a horcajadas frente a mi rostro, refregándome su enorme verga por toda la cara, tentándome “Sin las manos, Samantha, en qué quedamos?” En otra ocasión le hubiera festejado su gracia, pero ya estaba a punto de volverme loco de deseo, por lo que hice lo impensable, con todo mi peso lo removí de mi pecho incorporándome como animal en celo y quise someterlo, colocándolo boca abajo a él, para variar. “Sammy, sabes en la que te estás metiendo, verdad?” decía entre molesto y divertido por mi súbita audacia, quiso voltearse pero le torcí un brazo en la espalda, para que supiera lo que se siente ser amado con brutalidad, pero él, más experto que yo en esa lides, deshizo mi maniobra y me golpeó en las costillas, dejándome sin aire.

“Qué dices, perrita? No te entiendo bien” Bramó Dean mientras jalaba mis cabellos y me obligaba a mirarlo a los ojos. “Ahora por esto, la única lubricación que tendrás será tu propia saliva, perra” Yo me estremecí puesto que cuando se decide a penetrarme sin ninguna lubricación siempre me hace sangrar y termino adolorido por varios días, así de grande y gruesa es su verga.

Mi hermano mayor se sentó perezosamente en la orilla de la cama matrimonial que compartíamos en esa ocasión, jalándose su hermosa verga erecta, ya no nos molesta que algún empleado curioso imagine lo que quisiera al vernos juntos, sólo somos hermanos, o no? Muy buenos hermanos, hermanos que continuamente se profesan su amor físicamente, no podría ser de otra manera, la atracción entre nosotros siempre ha sido fuerte e invencible. Innegable.

Yo me acerqué a él y me hinqué ante tan ardorosa visión “Ahora sí usa ambas manos, Samantha, pregúntame qué quiero!” Yo obedecí y mansamente dije “Dean, qué quieres que haga?” “quiero que me chupes la verga, precioso, tú sabrás si quieres mi leche en tu garganta o en el fondo de tu culo, pero no quiero que dejes ni gota hermanito”

Golosamente tomé la verga de Dean a dos manos mientras lamía su cabezota, mi hermano inclinó su esculpido torso hacia atrás, apoyándose en la cama con sus poderosos antebrazos, disfrutando la mamada que yo le daba. “Tú sí que sabes mamar verga, Sammy, así, así, mi bebé, trágatela toda, mmh!”

Terminé engullendo todo su enorme pedazo de carne, sintiendo que me ahogaría pero de placer, Dean me acercaba rítmicamente más y más a la raíz de su verga pero yo no necesitaba que me apurara, siempre he sabido cómo complacerlo, mientras chaqueteaba fuertemente su verga, le lamía los huevos cargados de leche deliciosa, Dean era sólo mío y yo de él.

Sentí el ojete de mi culo dilatándose instintivamente y yo aproveché que mi hermano entrecerró los ojos para mojar dos de mis dedos con saliva y procedí a introducirlos en mi ano, disfrutando con anticipación la verga de mi hermano mayor. “Dean, amor, ya estoy listo, quieres mi culito?” Lo dije con voz melosa, como siempre se lo he pedido desde que él a sus 16 años me puso boca abajo por vez primera.

Dean se levantó y me ayudó a incorporarme, me tomó por las muñecas y me puso a gatas en medio de la cama; sentí su rasposa lengua explorando mi cavidad como tantas otras veces y me estiré alzando más el culo, invitándolo a entrar más. “Eres putísima, Samantha, pero te amo y los sabes” Dijo mientras introducía su dedo índice en mi ojete, separando cuidadosamente los pliegues, pensé que se había olvidado de mi sublevación, pero tarde comprendí que no era así.

Sentí que un hierro candente me partía en dos y grité de dolor pero era demasiado tarde, Dean ya me había ensartado todo su pedazo y lo había mandado hasta mis entrañas, lo bueno fue que las mamadas que le di lo dejaron a punto y la estrechez de mi culo hizo efecto de inmediato, en el momento en que sentí sus huevos chocando en la entrada de mi culo, sentí también la oleada tan familiar de su leche hirviendo, pugnando por llenarme los intestinos. “Ba-sta,” dije en un susurro puesto que mi leche también se derramaba sobre la cama, la mano de Dean hacía un trabajo estupendo pajeándome mientras me penetraba.

El ano me ardía terriblemente pero aún así, me acosté boca arriba para que mi hermano mayor lamiera la leche de mis verijas como a él le gusta “Qué tienes ahí, Sammy?” como cuando éramos niños. Terminamos exhaustos pero felices los dos. Dean quitó la primer sábana de la cama y la arrojó al piso y tomando una cobija de nuestro eterno equipaje me invitó a dormir.

“Mi Sammy, mi hermoso Sammy, te adoro en verdad, pequeño mío” Nuevamente era mi amoroso hermano Dean, el que más me gusta, el que me cuida y me ama como nadie lo hará. Cuando estoy así con él, desnudos los dos y abrazados, con mi cabeza apoyada en su poderoso pecho, no le temo ni al mismo infierno y felizmente entregaría mi alma por toda la eternidad a cambio de unas cuantas noches así con él. Mi amor, mi todo.

Bueno, eso fue anoche y hoy por la mañana lo desperté como el becerrito hambriento que soy, lamiendo dulcemente sus pezones, acariciando su torso y su estómago con mi lengua, y terminé ordeñando su verga hasta que me regaló su delicioso líquido a las 7 de la mañana. Yo relamía mis labios y él se estiró en la cama y me atrajo a su rostro, besándome y probando su propio jugo de mis labios. Eso fue todo.

Sin decir palabra, se duchó rapidísimo y mientras se vestía, yo me bañé también, Dean se veía tan guapo solamente con su pantalón que lo abracé por detrás cariñosamente, pero me apartó de un empujón “Date prisa, Sam” Terminó de vestirse, yo lo imité y salimos en busca del demonio de Miskatonik, como dos simples hermanos, compañeros de cacería, sin mimos ni caricias furtivas, por eso me puso furioso su absurda reacción después de mandar al demonio al infierno. Él me utiliza y se lo permito. Nos amamos, pero siempre es a puerta cerrada y a su modo, no me permite acercarme a él más que cuando él mismo lo permite. Me estás volviendo loco! Dean, siempre serás todo un misterio para mí y eso que te conozco como nadie, mi querido hermano mayor. Nunca podría dejarte, nunca, nunca!

Artikel von peter burinot

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